SOBRE MANNY Y CON MANNY

Leonor Torres

 

Hace 29 años, después de 32 años de separación y casi como en un cuento de hadas, vivencié mi reencuentro en NJ con mi querido primo Manny. Un toque a la puerta de la casa de mi amiga Juany…, abrí… y allí estaba con su rostro sonriente y su expresión de niño bueno. Del alma me salió: “pero que grande tú eres!!!”. Y en ese momento realmente yo no sabía, que no era tan solo grande de tamaño, sino que su grandeza le abarcaba cuerpo y alma.

 

Lo dejé de ver teniendo 14 años él y yo 12, pero el tiempo no pasó…, y en ese reencuentro, en solo minutos, fuimos otra vez niños y a la vez crecimos tornándonos adultos. A partir de ahí, mi existir tuvo un matiz diferente. Recuperé mi familia paterna y descubrí tesoros inimaginables en ella. Una valiosa joya de ese tesoro era Manny, mi primo Manny, mi primor. A partir de entonces, en todos los eventos de mi vida: tristes, dolorosos, felices, sencillos, grandiosos, definidos, confusos… en todos estuvo Manny, con su peculiar sensibilidad apoyándome en cada paso. Supe de la grandeza de su alma descubriéndola en cada una de sus acciones y también supe poco a poco, a través de otros, de su esplendor intelectual, éxitos y genial trayectoria, porque su sencillez y humildad superaban la imposición del ego. Nunca hablaba de sus logros, aún habiendo sido brillante en su carrera, aportando herramientas inigualables a la tecnología, viajando el mundo entero, teniendo vasto conocimiento del arte, de lo peculiar de infinidad de culturas y sobre todo siendo protagonista del reconocimiento profesional y social en infinidad de paises. Sus valores morales abarcaron más allá de todos los adjetivos que podría conllevar este concepto, traspasando las fronteras de “ser bueno” para llegar a ser “increíble”.

Amado por todos fué Manny, por su familia, amigos, compañeros de estudio y colegas, vecinos y todo aquel que tuvo el privilegio de conocerlo. 

Hoy nos queda un vacío tan grande como grande fué su presencia, pero lo  llenaremos con el recuerdo de su sonrisa infantil, de sus desenfadados ademanes, con el recuerdo de sus humorísticas anécdotas, de su peculiar disposición para aceptar lo imposible, con el recuerdo de su pronta presencia para ofrecer ayuda, para infundir valor.

Fuiste y seguirás siendo un primo a quien consultar, un primo con quien contar, me quedan  por decir muchos “que diría Manny o que haría Manny?”. Hoy no me despido de ti, primor, porque no te fuiste, solo te me adelantaste. No pasarán otra vez 32 años sin vernos. Estás allí con todos y Dios siempre contigo.        

Nos vemos primor...!

                                                                    Tu prima, Leonor